Manejo del estrés en la práctica odontológica.
Dr. Marcelo Friedenthal Profesor de la Escuela de Mejoramiento Profesional de la Asociación Odontológica Argentina, Argentina.
Se está calificando al estrés como “la enfermedad del siglo”. Algo que se justifica con sólo frecuentar regularmente los diarios y noticieros enterándonos de que, pese a los impresionantes avances tecnológicos y las hazañas del pensamiento creativo humano, el mundo está pasando y es amenazado por episodios de cruda violencia y de zozobra moral y espiritual que ponen en peligro la vida planetaria. Se perfila, como medida de defensa, la llamada “Medicina del estrés”, moderna rama de los conocimientos médicos. “Uno de los primeros indicadores del estrés es el insomnio”, comenta el Dr. Finkelsztein (19), y agrega: “lo acompañan la irritabilidad, la ansiedad, la depresión, las fallas en el rendimiento, la disminución de la memoria y de la capacidad laboral, el cansancio y la fatiga matinal persistente”. Más adelante nombraremos algunos otros. El médico e investigador austriaco-canadiense Hans Selye (1907-1982) fue uno de los primeros en hablar de estrés cuando en un artículo que se le publicó, describió las características de lo que denominó Síndrome General de Adaptación, definiéndolo como” una respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le haga” (28) En casi todos los casos en que aparece, se presenta con señales comunes que se clasifican en tres fases: 1) de alarma, b) de resistencia, c) de adaptación. La palabra “stress” fue aplicada por algunas de sus acepciones en el idioma inglés: carga, fuerza deformante, tensión, explicando que el stress es en sus implicancias médicas el precio del desgaste vital. En 1957 sintetizó su concepto así: “Es la medida del desgaste vital”. O sea, cuando algo nos demanda una acción se genera el estrés correspondiente para concretarla. El desgaste al que se refería Selye se compone en realidad de dos factores: a) el que calificaremos como mínimo, normal e inevitable, que Finkelsztein describe como “una respuesta psicológica, fisiológica y de comportamiento de un sujeto, que apunta a restablecer un equilibrio frente a las presiones tanto internas como externas”. Pueden ser hechos reales o bien imaginarios. Hay que tener en cuenta que el estrés es subjetivo: una misma situación produce efectos diferentes en cada persona. Un ejemplo claro y cotidiano es el efecto que causan los perros en algunas personas, en las cuales suscitan ternura y que se acercan a saludarlos mientras que a otros les provoca terror, y hasta se cruzan de calle cuando ven a un can acercárseles (19). Y otro factor, muy significativo a los efectos de nuestro tema, tiene que ver con los componentes que se van agregando sin necesidad, por motivos múltiples como por ejemplo hábitos y costumbres que el temperamento del odontólogo va incorporando, así como influencias de su vida privada, o de su grado de conformismo individual o de inercia mental y/o volitiva, o de autoestima, etc. Y, muy especialmente, a causa de algo que aprendí de González Pecotche (ver el cuadro que se adjunta) quien lo describe así: “Se vive más automática que conscientemente” (10) González Pecotche, C.B. (1901-1963) Pensador argentino que caló hondamente en la influencia psicológica en la problemática humana. Creó una ciencia a la que llamó Logosofía, una concepción original sobre el hombre y el universo. Los primeros fundamentos de esta los dio a conocer en la ciudad de Córdoba, donde fundó la primera Escuela de Logosofía, que es una institución de adelanto mental. Su honda preocupación por la infancia le impulsó a crear las Escuelas Primarias Logosóficas. Dejó una vasta producción bibliográfica, algunos de cuyos libros han sido traducidos y son hoy estudiados por miles de seres que sienten la inquietud de ser mejores individuos. Investigo desde joven qué es la vida automática y las consecuencias que ella ocasiona, y desde entonces procuro reemplazarla por su opuesto, la vida consciente, que me permite confirmar las ventajas que se obtienen cuando logro tal substitución. El campo experimental en que trabaja el logósofo es su vida entera en todos los sectores que la conforman. Es posible detectar de tanto en tanto que una parte ponderable de la vida de los humanos es consumida por rutinas y movimientos que se repiten hasta devenir en modalidades y hábitos que ejecutamos con insuficiente participación de la conciencia, a veces casi sin pensar, mientras uno alcance un nivel razonablemente aceptable de eficiencia. Pequeñas fallas que puedan aparecer serán motivo de periódicos esfuerzos de perfeccionamiento que permitan trascenderlas, pero suele ocurrir que sus causas se resistan a ser desalojadas y opongan resistencias que hacen recordar la descripción de Goethe: “el hábito es el más exigente de los amos” (lectura muy recomendada) (14a).
La eliminación del desgaste vital sobreagregado es lo que nos debe interesar especialmente. Bueno será señalar así, que una parte considerable del gran desarrollo que cobró y continúa haciéndolo la disciplina “ergonomía”, consiste en aportar principios, técnicas laborales y tecnología que minimizan, simplifican y favorecen el ahorro de tiempo y movimientos que estén de más en la ejecución de los actos odontológicos (2). Aplicar principios y procedimientos ergonómicos en la práctica odontológica elimina cantidad de movimientos y esfuerzos innecesarios y favorece disfrutar más de nuestro trabajo junto al sillón. Se llega “más entero” de regreso al hogar, y hasta se evitan reacciones negativas frente a los miembros de la familia, que sean motivados por la carga mental acumulada durante el día. Toda falla en la organización del trabajo en el consultorio, sea técnica, administrativa, en las relaciones humanas o en la eficiencia que se logre en colaboraciones del personal auxiliar, ofician de agentes estresores. Muy bueno será la formación de un trabajo en equipo, con algún colega con experiencia en labores de autocrítica -nuestra asistente dental, entrenada al efecto, puede proporcionarnos lecturas de la realidad profesional cotidiana que uno vive tal vez sin tiempo o ganas de comentar- “trabajando los problemas” a la búsqueda de pasos adelante en la escalera interminable de la eficiencia.
Es oportuno destacar aquí que todo esfuerzo encaminado a autosuperarse sea técnica, social, laboral, psicológica y/o humanamente, remozan la vida en el consultorio y producen antiestrés. (1, 2, 4, 24)
VARIEDADES DE ESTRÉS
Cualquier demanda de acción en que deba actuar el profesional (primera consulta del paciente nuevo, toma de radiografía, examen, ficha e historia clínica, instalación de una prótesis, etc.) ponen en marcha mecanismos del estrés que Selye estimó como bueno, positivo y lo llamó eustress. Existe una conocida recomendación: “Donde estés, trata de estar con todo”. Me parece excelente norma, salvo que alguien la incorpore con superexigencias que le vayan imponiendo de a poco recargos y se transformen en pensamiento obsesivo convirtiéndose en un adicto al trabajo, un incansable perseguidor de la perfección. Que exprima su modo de trabajar al punto que no se permita pausas aunque su físico y su mente se las pida con insistencia. Naturalmente, Edward Ryan preconizó hace años un principio que enunciaba así: “Cada odontólogo debe ser su propio economista”. Debe elegir sus propósitos, sus metas, atendiendo a no desatender su salud, especialmente si se perfila en él lo que se ha definido como “una personalidad tipo A” (29) En casos así, ya no puede hablarse de eustress, sino que estamos frente al estrés malo, negativo o distress. Hans Selye escribió un libro sobre este tópico: “Stress without distress” (Tensión sin angustia. Madrid, Guadarrama, 1975).
Regular racionalmente el tráfico de pacientes que se atiende, es una norma muy importante. Condiciones impuestas a los profesionales que trabajan para empresas de medicina prepaga, obligan a veces a extender los horarios de trabajo. Encuestas realizadas ponen de manifiesto que los pacientes de ese origen a veces no respetan fielmente las citaciones, dejando espacios en blanco que devienen estresores. Si además, son exigentes, poco cooperadores, etc. obviamente no es grata su estadía. También es inexcusable tener en cuenta que el operador, y su auxiliar, son seres humanos que concurren al consultorio con su propia cartera de problemas íntimos. Tal vez, que ello no les permitió dormir normalmente y por tanto no pueden cumplir con la recomendación de Dale Carnegie: “El hombre cansado no es magnético ni atractivo”. “iAI diablo con Dale Carnegie!”, puede vociferar nuestro “otro yo”; pero frente al paciente, el Juramento Hipocrático nos pide estar de buen –o pasable– talante. Este doble juego no se lleva a cabo sin un desgaste adicional que se hace notar. Cuando aumenta el número de horas en que se trabaja con ansiedad, o sea que el nivel de estrés cobra altura y el distrés genera ansiedad laboral, el riesgo de salud del odontólogo va siendo mayor que el de individuos de su misma edad pero que tienen otras actividades (lo que en manera .alguna signifique, tengan también lo suyo). Pero hay estadísticas efectuadas que señalan una prevalencia mayor del riesgo de salud entre nosotros.
Puede hacerse necesaria, la consulta con un médico psiquiatra. Si este constata que es necesario, puede prescribir fármacos como por ejemplo las benzodiacepinas, que han desplazado por ser más seguras a los barbitúricos, que estuvieron en boga entre los años 50 y 60. Domb (25) señala que las benzodiacepinas, con el correr del tiempo, introducen la necesidad de ir aumentando las dosis para obtener el mismo efecto ya que promueven tolerancia. Y, si además se implicara el recurrir a la ingesta alcohólica, por ejemplo, la situación se puede agravar con el advenimiento de ataxia (trastornos de la coordinación motora), que este autor inscribe entre las causas de accidentes automovilísticos (17, 25).
Entonces, si se sintiera que el peso de la jornada de trabajo se vuelve excesiva y que esto se va haciendo frecuente, que como gráficamente lo describe el Dr. Daniel López Rosetti, Presidente de la Sociedad Argentina de la Medicina del Estrés, “De alguna manera el cuerpo nos está avisando que el peso de la mochila que cargamos superó nuestra capacidad”, hay que enfrentar rápida y decididamente la situación para que no pase a mayores. En realidad, lo ideal hubiera sido –como siempre sucede con el concepto moderno de Prevención– no tardar en demasía para detener el mal.
ALGUNOS SÍNTOMAS
El listado que sigue no tiene en cuenta razones de importancia, frecuencia u otras. Cansancio Nerviosismo Tensión Muscular Sindrome de fatiga crónica e irritabilidad Colitis nerviosa. Dispepsia Bruxismo Atención disminuida y dispersa Migraña Gastritis Trastornos de la ATM . Ansiedad Depresión Conductas antísociales . Habla trémula, vacilante . Sensación de vértigo Agresividad Alteraciones en la sexualidad Adicciones (alcohol, etc.) Irritabilidad Humor muy cambiado. Suicidio (en casos límite) Apretamiento dentario Interés y afectividad bajos Escasas energías Mal humor frecuente Coronariopatías Hipertensión arterial Sexualidad alterada Virosis (etcétera)
Es de remarcar que en el caso de las mujeres que ejercen la odontología, se incluyen sus labores en la organización del hogar y la llegada de los hijos, como circunstancias que agudizan el distrés. (28)
CUIDARSE A SÍ MISMOS
Ningún estudiante de Odontología debería graduarse sin antes haber escuchado y debatido suficientemente la sabia máxima de Adam Smith (1723-1790) célebre economista escocés: “El primer capital del hombre es el hombre mismo”. El profesional de la salud no debe permanecer ajeno a que antes, durante y después de cada acto de prestación de servicios en que haya intervenido, no estuviera paralelamente atento a preservar su propia salud. Quisiera ejemplificar esta sugerencia con una experiencia personal en la que puede aplicar a mi vida junto al sillón dental, un concepto recogido en un texto logosófico en el que leí: “No hay que ubicar la vida en los problemas, sino los problemas en la vida” (9). Cuando alguien –y fue mi caso– toma conciencia de este concepto y trabaja internamente con él para incorporarlo como conocimiento a su vida, este aprendizaje lo va facultando para no permitir que los problemas que se le presentan cotidianamente, se le agiganten al punto de ocuparle todo su espacio mental. Este propósito, que en ocasiones demanda esfuerzos que bien podemos catalogar como “hercúleos”, ayuda a ubicarse de la mejor manera posible frente a obstáculos que pugnan siempre por parecer imbatibles o casi... Si convenimos en que el promedio de los odontólogos trabaja unas seis horas diarias en el consultorio, pensemos que ello representa la cuarta parte del día. Vivir esa cuarta parte lo más relajados que podamos estar es, pues, ¡mucho! ¿Verdad? Era muy joven cuando leí dos libros de Alexis Carrel (27), Premio Nobel (1912) de Fisiología. En uno de ellos leí que la expresión “hacerse mala sangre” es literalmente exacta por cuanto este humor se altera en los arranques de furia. No puedo menos que preguntarme: ¿Cuántos litros de mala sangre recorren los corazones humanos en el curso de la vida? Aunque no me parezca de buen gusto terminar de esta manera mi artículo, me arriesgaré a citar dos frases que me suministró mi libretón de pensamientos importantes: 1) “Los cementerios están repletos de gente que se creía indispensable”; 2) “Sepamos sepultar nuestra cólera antes que ella nos sepulte a nosotros” (el autor de esta última es el Dr. Harold Gluck, de EE.UU (15).
BIBLIOGRAFÍA:
1. Friedenthal. M., Defensas mentales y morales en el ejercicio de la Odontología. Rev. de la A.O.A. 1942 pág. 672. 2. Friedenthal. M., Economía dental (con la colaboración del Dr. Pedro Saizar) Progrental, Bs.As. 1955. 3. Friedenthal. M., Los pensamientos del operador. RAOA 4. Friedenthal. M., Psicología para el profesional del arte de curar. Ed. del autor 1957 5. Friedenthal. M., El alma del odontólogo. RAOA 6. Friedenthal. M., El sufrimiento por adelantado (presentación durante un curso dictado en el Círculo Arg. de Odontología en Bs.As.) 1991 7. Friedenthal. M., Optimizando relaciones humanas en el consultorio (ídem) 8. Friedenthal. M., Diccionario odontológico. Editorial Médica Panamericana, Buenos Aires 1ª Y 2ª ediciones 9. González Pecotche, CB., Logosofía, ciencia y método (técnica de la formación individual consciente) Bs.As. 1957 10. González Pecotche, CB., El señor de Sándara, Ed. del autor 1959 11. González Pecotche, CB., Axiomas y principios de logosofía 12. González Pecotche, CB., Exégesis logosófica, Bs.As. 1956 13. González Pecotche, CB., Introducción al conocimiento logosófico, Ed. del autor. Bs.As. 1951 14. González Pecotche, CB., El mecanismo de la vida consciente Ed. del autor Bs.As. 1ª Y 2ª ediciones 14a.González Pecotche, CB., Deficiencias y propensiones del ser humano. Ed. del autor. Bs.As. 1962 15. Brezina, AJ. y Baranchuk, l Riesgos del ejercicio profesional: Stress. RAOA nov-dic 2000 pág. 599 16. Nasetta, Tifner, Nasetta, Estrés laboral en profesionales de la salud, RAOA abr-may 2005 pág. 125 17. Navarra, G., El estrés traumático, La Nación (Arg.) 18-06-05. 18. Medicina laboral (on line) Estrés y trabajo. En el portal Salud, Seguridad y Medio ambiente 12-07-05 19. Revista nueva (on line) Eustress 20. Sivak, R., Estrés en el profesional de la salud Jornadas del Círc. de Psicología Profunda 21. YMCA Departamento de medicina deportiva Stress, eustress y distress. (on line) 22. la Nación (29-05-05), Terapias alternativas contra el estrés 23. la Nación (17-07-05), Estrategias para alejar el estrés 24. Friedenthal. M. Deficiencias y propensiones psicológicas que afectan el ejercicio profesional RAOA vol. 53 n° 11 Nov. 1965 25. Domb, E. Cuidado ante la ansiedad y el estrés. Rev. MOA, jun 2005-08-02 26. Gutiérrez, V. Temas de recursos humanos (on line) 27. Carrel, A. la incógnita del hombre y la conducta del hombre Ayer, WA Psychology and Dentistry (Mental Health and Patient Careo Dhaworth, New York, 2005 28. Swogger, G. Personalidad tipo A, exceso de trabajo y desgaste profesional. Clinic Odonts of NorthAmerica 1986
Arículo promoción de: Gerencia Dental en Clínicas Odontológicas Publicación Oficial de la Sociedad Española de Gerencia y Gestión Odontológica Nº 11 AÑO 3 – SETIEMBRE/OCTUBRE 2005 Gentileza de Editorial Daniel Barreiro
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