En nuestro país, la práctica clínica del odontólogo es un reflejo de su formación académica en el ámbito universitario, ya que las facultades de odontología han sustentado la enseñanza de la profesión en el estudio de teorías, conceptos, procedimientos diagnósticos y terapéuticos, y avances tecnológicos extraídos de libros, revistas científicas o, en algunos casos, de las opiniones de expertos, que en muchas ocasiones no pueden ser extrapolados a la actividad cotidiana por no ser símiles las condiciones en las que se deben aplicar. Por otro lado, se ha señalado que el proceso de formación continua, como mecanismo formal de actualización, se ve limitado por la disminución de la vigencia y validez temporal de la información a causa del incremento de la cantidad de esta y de la rapidez con la que aparece (1). Adicionalmente, diversos estudios revelan que una gran parte de las intervenciones sanitarias no se apoyan en bases científicas sólidas y confiables, ya que se le da preeminencia a la experiencia y al juicio clínico individual (2, 3, 4). Todos estos factores han llevado al surgimiento y desarrollo de la odontología basada en la evidencia, cuyo propósito es agrupar y analizar de forma crítica y sistemática toda la información disponible sobre las ciencias de la salud bucal para ponerla a la disposición de los odontólogos y especialistas del área a fin de facilitar la toma de decisión en cada caso...
Haga click aquí para visualizar artículo completo |